Abrazo
El sol sofocante se alzaba sobre nosotros, pasábamos por casas que parecían estar llenas de todo menos de personas. Habíamos caminado durante casi una hora y empezaba a notarse el cansancio en nuestros rostros. Me contabas un poco acerca de lo que había pasado en estos últimos dos años. Pero siempre terminaba en una pelea fingida o un empujón casual. Caminabas de la misma forma coqueta de siempre y, discúlpame que lo diga, pero me encantaba. Como si fuera tu sello personal, ponías los pulgares dentro de tus bolsillos, los cuales únicamente eran opacados por tu tan conveniente cartera llena de recibos de lugares a los que quizás no haya ido. Tu mirada siempre al frente, pensando. ¿En qué piensas? Esperaba que fuese en nosotros, o al menos en lo que pasaba en ese momento. Te preguntaba cosas y me las respondías. Y no me cansaba de escucharte, sea una queja o una anécdota, siempre me resultaba encantador la forma en que te movías y hablabas. Llámame loco o mentiroso – o huevón – pero noté que usabas las mismas muletillas que hace un par de años – con un par de añadidos nuevos y pitucos que no dejaban de ser graciosos de oír–.
"¿Me acompañas a comprar?", preguntaste. Quizás no era necesaria la pregunta, porque mi respuesta sería afirmativa de todas formas. Había salido sin avisar y si me metía en problemas, creo que no había necesidad de preocuparse por volver. Yo seguía pensando en ti. En lo que significabas antes y lo que significas ahora. Trataba de buscar la respuesta en tu mirada, en tu risa, en tus labios... Estabas ahí. De todas la posibles situaciones que pudieron haber existido, fuese quien fuese nuestro creador, nos puso en ese preciso parpadeo de tiempo, a los dos. Desde que te amo creo fielmente que las casualidades no existen. La gente suele decir que viejas puertas no abren nuevos caminos, pero yo creo que ninguno de los dos es un viejo camino. Somos personas diferentes, quizás ya no esté tan loco por ti como antes, pero lo estoy racionalmente de tu yo de ahora.
Pienso esto mientras te ríes de mí por no dejar de verte. Solo quería conservar tu imagen y pensar que si te vas, esta vez, aunque sea la última vez, te recuerde más con mi corazón que con mis ojos.
Pienso esto mientras te ríes de mí por no dejar de verte. Solo quería conservar tu imagen y pensar que si te vas, esta vez, aunque sea la última vez, te recuerde más con mi corazón que con mis ojos.
Ya va a ser mediodía pero no me importa. Te sigo. Y quizás mientras estoy contigo, todas mis funciones vitales se reducen a eso. Nos dirigimos a tu casa. No sé ni en qué momento terminé cargando todo lo que compraste pero me sigue sin importar. Pensar que hemos pasado cientos de veces por ese lugar, pero hoy se siente más corto el camino que antes. No quiero dejarte. Tengo miedo de que vuelva a ser la última vez que te vea. Me doy cuenta de que sigo mirándote. ¿Me he vuelto tan acosador? Estamos a punto de llegar y te detienes. No me hagas esto por favor. Dices que tienes que irte pero tu rostro no dice lo mismo. Me abrazas y cuando me doy cuenta, ya te estoy rodeando con mis brazos. Siento como el calor nos ha afectado pero no te suelto. No quiero soltarte pero lo hago. "Idiota", me digo a mí mismo. Te entrego las bolsas y nos despedimos. ¿Por qué haces esto? No es posible que no muevas ni un dedo y yo esté así por ti. Te observo alejarte y una pregunta me invade: ¿sigues siendo un recuerdo? Definitivamente no. Ya no lo eres. Ahora y desde ahora, cada vez que me abrazas...
Te vuelves mi realidad.
Te vuelves mi realidad.
Comentarios
Publicar un comentario