Marcela I
Conocí Marcela en lo que creo fue la primera etapa difícil que haya vivido hasta mis entonces cortos 16 años. Empezaba el 2014 y el verano mostraba su presencia en las largas colas de las piscinas y puestos de helados. Junto a los marcianos de diversos sabores y los puestos de sombrillas. Las radios sonaban a todo volumen canciones del momento, en especial una que — por su letra manchada de libertinaje y huachafería — hizo que los padres preocupados llamaran a tías o abuelitas para cuidar de esos pubertos que lo único que querían era tener "la humilde morada deshabitada". Había terminado la secundaria — ya era hora — y como un joven que había planeado qué hacer después del colegio — y no chantajeado emocionalmente por su ex enamorada — decidí entrar a una academia y prepararme para postular a una universidad nacional que — en mi país — eran la codicia de muchos j...